martes, 28 de febrero de 2012

REGLAS DE DICERNIMIENTO DE SAN IGNACIO

REGLAS PARA DE ALGUNA MANERA SENTIR Y CONOCER LAS DIVERSAS MOCIONES QUE SE CAUSAN EN EL ALMA.
San Ignacio de Loyola1.1. En las personas que van de pecado mortal en pecado mortal, el enemigo acostumbra comúnmente proponer placeres aparentes, haciendo imaginar delectaciones y placeres sensuales, para conservarlos y aumentar sus vicios y pecados. En ellos el buen espíritu usa el modo contrario, punzándolos y remordiéndoles la conciencia a través de la razón.
1.2. En las personas que van purgando intensamente sus pecados y creciendo en el servicio de Dios, es al contrario que en la primera regla: es propio del mal espíritu morder, entristecer y poner impedimentos, inquietando con falsas razones para que no siga adelante. Es propio del bueno dar  ánimo y fuerzas, consolaciones, lágrimas, inspiraciones y quietud, facilitando y quitando toda traba que progrese en el bien obrar.
1.3. Llamo consolación cuando en el alma se causa alguna moción interior que la inflama de amor a su Creador y Señor; ya no puede amar a ninguna cosa creada sino al Creador de todas ellas. También cuando derrama l grimas de amor a su Señor, ya sea por el dolor de sus pecados, o de la Pasión de Cristo nuestro Señor, o de otras cosas directamente ordenadas a su servicio y alabanza. Finalmente, llamo consolación a todo aumento de fe, esperanza y caridad, y toda alegría interior que llama y atrae a las cosas celestiales y a la propia salud del alma, aquietándola y pacificándola en su Creador y Señor.
1.4. Llama desolación a todo lo contrario de la consolación, así como oscuridad del alma, turbación, moción a cosas bajas o terrenas, inquietud de varias agitaciones y tentaciones, moviendo a infidelidad, sin esperanza, sin amor, hallándose el alma toda perezosa, tibia, triste y como separada de su Creador y Señor. Porque así como la consolación es contraria a la desolación son contrarios a los que salen de la desolación.
1.5. En tiempo de desolación nunca hacer mudanza, sino estar firme y constante en los propósitos y determinación en que estaba el día anterior a la desolación, o en la consolación antecedente. Porque así como en la consolación nos guía y aconseja m s el buen espíritu, así en la desolación el malo, con cuyos consejos no podemos tomar camino acertado.
1.6. Dado que en la desolación no debemos cambiar los primeros propósitos, mucho aprovecha el intenso mudarse contra la misma desolación, insistiendo más en la oración, meditación, en discernir con cuidado y en extendernos convenientemente en hacer penitencia.
1.7. El que está en desolación considere cómo el Señor le ha dejado en prueba con sus potencias naturales para que resista a las diversas agitaciones y tentaciones del enemigo, con el auxilio divino que siempre le queda aunque claramente no lo sienta. Porque el Señor le ha abstraído su mucho hervor, crecido amor y gracia intensa, quedándole la gracia suficiente para la salud eterna.
1.8. El que está en desolación trabaje por crecer en paciencia, que es contraria a las vejaciones que le vienen, y piense que pronto será  consolado, poniendo las diligencias contra la desolación como está  dicho en la sexta regla.
1.9 Hay tres causas principales de desolación:
* por ser tibios, perezosos o negligentes en nuestro crecimiento espiritual, y así por nuestras faltas se aleja la consolación de nosotros.
* para probarnos, para ver cuánto valemos y en cuánto nos extendemos en el servicio y la alabanza, sin tantas consolaciones y crecidas gracias.
* para que internamente sintamos que no es de nosotros tener gran devoción, amor intenso, lágrimas ni alguna otra consolación, sino que todo es don y gracia de Dios nuestro Señor, y para que no pongamos nido en ellos, alzando nuestro entendimiento en alguna soberbia o vanagloria, atribuyéndonos tal consolación.
1.10. El que está en consolación piense cómo estar  en la desolación que vendrá  después, tomando nuevas fuerzas para entonces.
1.11. El que está en consolación procure humillarse y bajarse cuando pueda, pensando que‚ poca cosa es en tiempo de desolación, sin tal gracia o consolación.
Por el contrario, el que está en desolación piense que puede mucho con la gracia, suficiente para resistir a todos sus enemigos, tomando fuerzas en su Señor.
1.12. El enemigo se hace como mujer en ser flaco por fuerza y fuerte de grado. Así como es propio de la mujer perder  ánimo y huir cuando el hombre le enfrenta, y por el contrario, si el varón comienza a huir, la ira, venganza y ferocidad de la mujer es muy crecida y desmedida; de la misma manera es propio del enemigo enflaquecer y perder ánimo, dando huida sus tentaciones, cuando la persona resiste y encara sus ataques. Si la persona comienza a tener temor y perder  ánimo en sufrir las tentaciones, no hay bestia tan fiera sobre la tierra como el enemigo de la humana naturaleza que busque su dañina intención con tan crecida malicia.
1.13. Asimismo se hace como vano enamorado en querer ser secreto y no descubierto. Así como el hombre vano que desea a una hija o mujer casada quiere que sus palabras y persuasiones sean secretas, y le molesta mucho cuando la hija al padre o la mujer al marido descubren sus vanas palabras y depravada intención, porque deduce fácilmente que no podrá  salirse con la suya; de igual manera, cuando el enemigo de la humana naturaleza trae sus astucias y sugerencias al alma justa, quiere y desea que sean recibidas y tenidas en secreto. Si se descubren al buen confesor o a otra persona espiritual que conozca sus engaños y malicias mucho le pesa, porque sabe que no podrá  lograr su malicia comenzada, al haber sido descubierto.
1.14. Asimismo se hace como un asaltante, para vencer y robar lo que desea. Así como un capitán, mirando las fuerzas o disposición de un castillo, le combate por la parte más débil, de la misma manera el enemigo de la humana naturaleza rondando examina todas nuestras virtudes teologales, cardinales y morales, y por donde nos hallamos débiles y necesitamos nos ataca y procura tomarnos.
2.1. Propio es de Dios y de sus  ángeles en sus mociones dar verdadera alegría y gozo espiritual, quitando toda tristeza y turbación inducida por el enemigo; del cual es propio luchar contra esa alegría y consolación trayendo razones aparentes, sutilezas y asiduas falacias.
2.2. Sólo es de Dios nuestro Señor dar consolación al alma sin causa precedente; porque es propio del Creador entrar, salir y hacer moción en ella, trayéndola toda en amor de su divina Majestad. Digo sin causa, o sea sin ningún previo sentimiento o conocimiento de algo, por lo cual venga la consolación mediante la acción del entendimiento y la voluntad.
2.3. Con causa puede consolar al alma tanto el buen espíritu como el malo, para fines opuestos: el bueno, para provecho del alma, para que crezca y suba de bien en mejor; y el malo para lo contrario, y conducirla a su maligna intención.
2.4. Propio es del mal espíritu disfrazarse de  ángel de luz (cf. 2 Cor 11,14), entrar con el alma devota y salir con la suya, o sea, traer pensamientos buenos y santos conforme a tal alma justa y después, poco a poco, procura traerla a sus engaños.
2.5. Se debe cuidar mucho el curso de los pensamientos; y si el principio, medio y fin es todo bueno e inclinado a todo bien, señal es del buen espíritu. Pero si el curso de los pensamientos acaba en alguna cosa mala o distractiva o menos buena que la que el alma antes tenía propuesta hacer, o la enflaquece o inquieta o conturba, quitándole su paz, tranquilidad y quietud, es clara señal de que procede del mal espíritu.
2.6. Cuando el enemigo de la humana naturaleza haya sido sentido, y conocido el mal fin a que induce, aprovecha a la persona que fue tentada revisar luego el curso de los buenos pensamientos que le trajo, y su principio, y cómo poco a poco procuró hacerla descender de la suavidad y gozo espiritual en que estaba, hasta traerla a su intención depravada; para que con esa experiencia conocida y aclarada se guarde en adelante de sus engaños.
2.7. En los que proceden de bien en mejor, el buen espíritu toca al alma dulce, leve y suavemente, como gota de agua que entra en una esponja; y el malo toca agudamente y con ruido e inquietud, como gota que cae sobre piedra. A los que proceden de mal en peor, sucede al contrario, por ser contraria la disposición del alma. Cuando es contraria entra con estrépito y sensiblemente, cuando es semejante entra en silencio como en su propia casa.
2.8. Cuando la consolación es sin causa, dado que en ella no hay engaño por ser sólo de Dios, como está dicho, la persona espiritual consolada debe mirar y discernir con mucha vigilancia y cuidado, distinguiendo el tiempo propio de la actual consolación, del tiempo siguiente en que el alma queda caliente y favorecida con los resto de la consolación previa; porque muchas veces en este segundo momento, por la propia naturaleza, o por el buen espíritu o el malo, se forman diversos propósitos y pareceres que no son dados inmediatamente por Dios nuestro Señor, y por tanto deben ser muy bien examinados antes de darles entero crédito o ponerlos por obra.


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