lunes, 17 de septiembre de 2012

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Señor Jesucristo,
Tú que en el momento de la Agonía
no has permanecido indiferente a la suerte del hombre
y con Tu último Respiro
has confiado con Amor a la Misericordia del Padre
a los hombres y mujeres de todos los tiempos
con sus debilidades y pecados,
llénanos a nosotros y a las generaciones futuras
de Tu Espíritu de Amor,
para que nuestra indiferencia
no haga vanos en nosotros los frutos de Tu Muerte.
A Ti, Jesús Crucificado,
Sabiduría y Poder de Dios,
Honor y Gloria por los siglos de los siglos.
R/.Amén.



El 14 y 15 de septiembre la Iglesia nos presenta dos celebraciones litúrgicas que nos invitan a realizar una peregrinación espiritual hasta el Calvario:  la Exaltación de la Santa Cruz  la Virgen de los Dolores  Ambas nos invitan a unirnos a la Virgen María en la contemplación del misterio de la Santa Cruz.
La memoria de la Virgen de los Dolores nos recuerda los dolores que sufrió la Madre de Jesús, sobre todo el día de la Pasión y Muerte de su Hijo, dolores que fueron profetizados por el anciano Simeón, cuando en el templo de Jerusalén dijo a María que una espada le traspasaría el corazón. La piedad popular ha representado a la Virgen Dolorosa con un corazón traspasado por siete espadas que simbolizan otros tantos dolores de María (hasta hace pocos años, esta conmemoración se denominaba "Los siete dolores de la Virgen María").  El tema de los dolores de la Madre de Jesús ha sido, en el correr de los siglos, fuente de inspiración para el arte cristiano. Pinturas y esculturas, poesías y cánticos tienen como motivo los dolores de la Virgen. Entre ellos sobresale la antífona "Stabat Mater", que ha inspirado a grandes maestros de la música.
 
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"...El martirio de la Virgen nos ha sido transmitido tanto en la profecía de Simeón como en el relato de la Pasión del Señor. «Este Niño está allí, dice del Niño Jesús el santo anciano, como un signo de contradicción, y a Ti, le habla ahora a María, una espada te traspasará el corazón.» Madre bendita, es cierto que una espada traspasó tu alma.

Además, sólo traspasándola pudo penetrar en la carne de tu Hijo. Después de que tu Jesús diera el último suspiro, la lanza que le abrió el costado evidentemente no pudo alcanzar a su alma; pero la tuya sí la traspasó. Su alma, en efecto, ya no estaba más allí, pero estaba la tuya sí estaba.

No os asombréis, hermanos, si se dice que María es mártir en su alma. El que se asombra olvida -lo habéis oído- que Pablo cuenta la falta de afecto entre los crímenes más grandes de los paganos. Pero esto no fue del todo así para el Corazón de María. Que lo sea también para sus humildes servidores."
 (Sermón de San Bernardo)
 
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El Beato Juan Pablo II expresó en la meditación antes del rezo del Ángelus del Domingo 15 de septiembre de 1991:
"Stabat Mater dolorosa...". Hoy, 15 de septiembre en el calendario litúrgico se celebra la memoria de los dolores de la Santísima Virgen María. Esta fiesta fue precedida por la de la Exaltación de la Santa Cruz que celebramos ayer.
¡Qué desconcertante es el misterio de la Cruz! Después de haber meditado largamente en él San Pablo escribió a los cristianos de Galacia"En cuanto a mí, ¡Dios me libre de gloriarme si no es en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo es para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo" (Ga 6, 14).
También la Santísima Virgen podría haber repetido —¡y con mayor verdad!— esas mismas palabras. Contemplando a su Hijo moribundo en el Calvario había comprendido que la "gloria" de su maternidad divina alcanzaba en aquel momento su ápice, participando directamente en la obra de la Redención. Además, había comprendido que a partir de aquel momento el dolor humano, hecho suyo por el Hijo Crucificado, adquiría un valor inestimable.
Hoy, por tanto, la Virgen de los Dolores, firme junto a la Cruz, con la elocuencia muda del ejemplo, nos habla del significado del sufrimiento en el Plan Divino de la Redención.
Ella fue la primera que supo y quiso participar en el misterio salvífico"asociándose con entrañas de madre a su sacrificio consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que Ella misma había engendrado" (Lumen gentium 58). Íntimamente enriquecida por esta experiencia inefable, se acerca a quien sufre, lo toma de la mano y lo invita a subir con Ella al Calvario y a detenerse ante el Crucificado.
En aquel cuerpo martirizado está la única respuesta convincente para las preguntas que se elevan imperiosamente desde el corazón. Y con la respuesta se recibe también la fuerza necesaria para desempeñar el propio papel en la lucha que —como escribí en la carta apostólicaSalvifici doloris— opone las fuerzas del bien a las del mal (cf. n. 27). Y agregué: "Los que participan en los sufrimientos de Cristo conservan en sus sufrimientos una especialísima partícula del tesoro infinito de la redención del mundo, y pueden compartir este tesoro con los demás"
Pidamos a la Virgen de los Dolores que alimente en nosotros la firmeza de la fe y el ardor de la caridad, de forma que llevemos con valor nuestra cruz cada día (cf. Lc 9, 23) y así participemos eficazmente en la obra de la redención. "Fac ut ardeat cor meum", "¡haz que, amando a Cristo, se inflame mi corazón, para que pueda agradarle!"  Amén.
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martes, 28 de febrero de 2012

REGLAS DE DICERNIMIENTO DE SAN IGNACIO

REGLAS PARA DE ALGUNA MANERA SENTIR Y CONOCER LAS DIVERSAS MOCIONES QUE SE CAUSAN EN EL ALMA.
San Ignacio de Loyola1.1. En las personas que van de pecado mortal en pecado mortal, el enemigo acostumbra comúnmente proponer placeres aparentes, haciendo imaginar delectaciones y placeres sensuales, para conservarlos y aumentar sus vicios y pecados. En ellos el buen espíritu usa el modo contrario, punzándolos y remordiéndoles la conciencia a través de la razón.
1.2. En las personas que van purgando intensamente sus pecados y creciendo en el servicio de Dios, es al contrario que en la primera regla: es propio del mal espíritu morder, entristecer y poner impedimentos, inquietando con falsas razones para que no siga adelante. Es propio del bueno dar  ánimo y fuerzas, consolaciones, lágrimas, inspiraciones y quietud, facilitando y quitando toda traba que progrese en el bien obrar.
1.3. Llamo consolación cuando en el alma se causa alguna moción interior que la inflama de amor a su Creador y Señor; ya no puede amar a ninguna cosa creada sino al Creador de todas ellas. También cuando derrama l grimas de amor a su Señor, ya sea por el dolor de sus pecados, o de la Pasión de Cristo nuestro Señor, o de otras cosas directamente ordenadas a su servicio y alabanza. Finalmente, llamo consolación a todo aumento de fe, esperanza y caridad, y toda alegría interior que llama y atrae a las cosas celestiales y a la propia salud del alma, aquietándola y pacificándola en su Creador y Señor.
1.4. Llama desolación a todo lo contrario de la consolación, así como oscuridad del alma, turbación, moción a cosas bajas o terrenas, inquietud de varias agitaciones y tentaciones, moviendo a infidelidad, sin esperanza, sin amor, hallándose el alma toda perezosa, tibia, triste y como separada de su Creador y Señor. Porque así como la consolación es contraria a la desolación son contrarios a los que salen de la desolación.
1.5. En tiempo de desolación nunca hacer mudanza, sino estar firme y constante en los propósitos y determinación en que estaba el día anterior a la desolación, o en la consolación antecedente. Porque así como en la consolación nos guía y aconseja m s el buen espíritu, así en la desolación el malo, con cuyos consejos no podemos tomar camino acertado.
1.6. Dado que en la desolación no debemos cambiar los primeros propósitos, mucho aprovecha el intenso mudarse contra la misma desolación, insistiendo más en la oración, meditación, en discernir con cuidado y en extendernos convenientemente en hacer penitencia.
1.7. El que está en desolación considere cómo el Señor le ha dejado en prueba con sus potencias naturales para que resista a las diversas agitaciones y tentaciones del enemigo, con el auxilio divino que siempre le queda aunque claramente no lo sienta. Porque el Señor le ha abstraído su mucho hervor, crecido amor y gracia intensa, quedándole la gracia suficiente para la salud eterna.
1.8. El que está en desolación trabaje por crecer en paciencia, que es contraria a las vejaciones que le vienen, y piense que pronto será  consolado, poniendo las diligencias contra la desolación como está  dicho en la sexta regla.
1.9 Hay tres causas principales de desolación:
* por ser tibios, perezosos o negligentes en nuestro crecimiento espiritual, y así por nuestras faltas se aleja la consolación de nosotros.
* para probarnos, para ver cuánto valemos y en cuánto nos extendemos en el servicio y la alabanza, sin tantas consolaciones y crecidas gracias.
* para que internamente sintamos que no es de nosotros tener gran devoción, amor intenso, lágrimas ni alguna otra consolación, sino que todo es don y gracia de Dios nuestro Señor, y para que no pongamos nido en ellos, alzando nuestro entendimiento en alguna soberbia o vanagloria, atribuyéndonos tal consolación.
1.10. El que está en consolación piense cómo estar  en la desolación que vendrá  después, tomando nuevas fuerzas para entonces.
1.11. El que está en consolación procure humillarse y bajarse cuando pueda, pensando que‚ poca cosa es en tiempo de desolación, sin tal gracia o consolación.
Por el contrario, el que está en desolación piense que puede mucho con la gracia, suficiente para resistir a todos sus enemigos, tomando fuerzas en su Señor.
1.12. El enemigo se hace como mujer en ser flaco por fuerza y fuerte de grado. Así como es propio de la mujer perder  ánimo y huir cuando el hombre le enfrenta, y por el contrario, si el varón comienza a huir, la ira, venganza y ferocidad de la mujer es muy crecida y desmedida; de la misma manera es propio del enemigo enflaquecer y perder ánimo, dando huida sus tentaciones, cuando la persona resiste y encara sus ataques. Si la persona comienza a tener temor y perder  ánimo en sufrir las tentaciones, no hay bestia tan fiera sobre la tierra como el enemigo de la humana naturaleza que busque su dañina intención con tan crecida malicia.
1.13. Asimismo se hace como vano enamorado en querer ser secreto y no descubierto. Así como el hombre vano que desea a una hija o mujer casada quiere que sus palabras y persuasiones sean secretas, y le molesta mucho cuando la hija al padre o la mujer al marido descubren sus vanas palabras y depravada intención, porque deduce fácilmente que no podrá  salirse con la suya; de igual manera, cuando el enemigo de la humana naturaleza trae sus astucias y sugerencias al alma justa, quiere y desea que sean recibidas y tenidas en secreto. Si se descubren al buen confesor o a otra persona espiritual que conozca sus engaños y malicias mucho le pesa, porque sabe que no podrá  lograr su malicia comenzada, al haber sido descubierto.
1.14. Asimismo se hace como un asaltante, para vencer y robar lo que desea. Así como un capitán, mirando las fuerzas o disposición de un castillo, le combate por la parte más débil, de la misma manera el enemigo de la humana naturaleza rondando examina todas nuestras virtudes teologales, cardinales y morales, y por donde nos hallamos débiles y necesitamos nos ataca y procura tomarnos.
2.1. Propio es de Dios y de sus  ángeles en sus mociones dar verdadera alegría y gozo espiritual, quitando toda tristeza y turbación inducida por el enemigo; del cual es propio luchar contra esa alegría y consolación trayendo razones aparentes, sutilezas y asiduas falacias.
2.2. Sólo es de Dios nuestro Señor dar consolación al alma sin causa precedente; porque es propio del Creador entrar, salir y hacer moción en ella, trayéndola toda en amor de su divina Majestad. Digo sin causa, o sea sin ningún previo sentimiento o conocimiento de algo, por lo cual venga la consolación mediante la acción del entendimiento y la voluntad.
2.3. Con causa puede consolar al alma tanto el buen espíritu como el malo, para fines opuestos: el bueno, para provecho del alma, para que crezca y suba de bien en mejor; y el malo para lo contrario, y conducirla a su maligna intención.
2.4. Propio es del mal espíritu disfrazarse de  ángel de luz (cf. 2 Cor 11,14), entrar con el alma devota y salir con la suya, o sea, traer pensamientos buenos y santos conforme a tal alma justa y después, poco a poco, procura traerla a sus engaños.
2.5. Se debe cuidar mucho el curso de los pensamientos; y si el principio, medio y fin es todo bueno e inclinado a todo bien, señal es del buen espíritu. Pero si el curso de los pensamientos acaba en alguna cosa mala o distractiva o menos buena que la que el alma antes tenía propuesta hacer, o la enflaquece o inquieta o conturba, quitándole su paz, tranquilidad y quietud, es clara señal de que procede del mal espíritu.
2.6. Cuando el enemigo de la humana naturaleza haya sido sentido, y conocido el mal fin a que induce, aprovecha a la persona que fue tentada revisar luego el curso de los buenos pensamientos que le trajo, y su principio, y cómo poco a poco procuró hacerla descender de la suavidad y gozo espiritual en que estaba, hasta traerla a su intención depravada; para que con esa experiencia conocida y aclarada se guarde en adelante de sus engaños.
2.7. En los que proceden de bien en mejor, el buen espíritu toca al alma dulce, leve y suavemente, como gota de agua que entra en una esponja; y el malo toca agudamente y con ruido e inquietud, como gota que cae sobre piedra. A los que proceden de mal en peor, sucede al contrario, por ser contraria la disposición del alma. Cuando es contraria entra con estrépito y sensiblemente, cuando es semejante entra en silencio como en su propia casa.
2.8. Cuando la consolación es sin causa, dado que en ella no hay engaño por ser sólo de Dios, como está dicho, la persona espiritual consolada debe mirar y discernir con mucha vigilancia y cuidado, distinguiendo el tiempo propio de la actual consolación, del tiempo siguiente en que el alma queda caliente y favorecida con los resto de la consolación previa; porque muchas veces en este segundo momento, por la propia naturaleza, o por el buen espíritu o el malo, se forman diversos propósitos y pareceres que no son dados inmediatamente por Dios nuestro Señor, y por tanto deben ser muy bien examinados antes de darles entero crédito o ponerlos por obra.


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lunes, 20 de febrero de 2012

Miércoles de Ceniza

Miércoles de Ceniza
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Miércoles de Ceniza de Carl Spitzweg.
 laCuaresma


El Miércoles de Ceniza1 es el primer día de laCuaresma en los calendarios litúrgicos católico,protestante, y anglicano. Se celebra cuarenta días antes del inicio de Semana Santa, es decir, delDomingo de Ramos.
Este día cae en diferentes fechas año a año, de acuerdo a la fecha móvil de Pascua. Puede acontecer entre el 4 de febrero y el 10 de marzo.

Cuando en el siglo IV, se fijó la duración de laCuaresma en 40 días, ésta comenzaba 6 semanas antes de la Pascua (Para calcular la fecha de la Pascua se usaba el Computus), en domingo, el llamado domingo de "cuadragésima". Pero en los siglos VI-VII cobró gran importancia el ayuno como práctica cuaresmal. Y aquí surgió un inconveniente: desde los orígenes nunca se ayunó en día domingo por ser "día de fiesta", la celebración del día del Señor. Entonces, corrieron el comienzo de la Cuaresma al miércoles previo al primer domingo.[editar]¿Por qué miércoles?

[editar]Imposición de la ceniza

Este día, que es para los católicos día de ayuno y abstinencia, igual que el Viernes Santo,2 se realiza la imposición de la ceniza a los fieles que asisten a misa. Estas cenizas se elaboran a partir de la quema de los ramos del Domingo de Ramos del año anterior, y son bendecidas y colocadas sobre la cabeza o la frente de los fieles como signo de la caducidad de la condición humana; como signo penitencial, ya usado desde el Antiguo Testamento; y como signo de conversión, que debe ser la nota dominante durante toda la Cuaresma.
En el rito católico la imposición de la ceniza es realizada por el sacerdote sobre los fieles. El sacerdote puede hacer una cruz con la ceniza en la frente de los fieles o dejar caer un poco de ceniza en su cabeza. En el caso de los clérigos se puede aplicar en la tonsura. Mientras lo hace puede emplear una de las siguientes frases extraídas de las Escrituras:
  1. Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás (Gn. 3:19)
  2. Arrepiéntete y cree en el Evangelio (Mc. 1:14-15)
Es costumbre dejar y no lavar la ceniza hasta que esta desaparezca por sí misma.

[editar]Origen de la costumbre

Antiguamente los judíos y otros pueblos de Oriente Próximo acostumbraban a cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como gesto de arrepentimiento profundo. La Biblia menciona múltiples ocasiones y pueblos que utilizaban la ceniza en significado de duelo como en Mt 11:21.
En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un "hábito penitencial". Esto representaba su voluntad de convertirse.
En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma solía poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.
Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos del año anterior. De acuerdo a la Tradición, esto recuerda que lo que fué signo de gloria pronto se reduce a nada.
También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo con sus 40 días de ayuno.
La imposición de ceniza es una costumbre que recuerda a los que la practican que algún día vamos a morir y que el cuerpo se va a convertir

Cuaresma

Para la equivalente ortodoxa, véase Gran Cuaresma.
La cuaresma (latínquadragésima«Cuadragésimo día (antes de la pascua)», )? es el periodo del tiempo litúrgico (calendario cristiano) destinado por la iglesia Católica Romana y la Iglesia ortodoxa, además de ciertas iglesias evangélicas, aunque con inicios y duraciones distintas, para la preparación de la fiesta de Pascua.


La cuaresma comienza oficialmente el
 miércoles de ceniza y termina antes de la misa de lacena del Señor el jueves santo. Son 40 días de preparación para la Pascua. La duración de cuarenta días proviene de varias referencias bíblicas y simboliza la prueba de Jesús al vivir durante 40 días en el desierto previos a su muerte y resurrección. También simbolizan los 40 días que duró el diluvio, además de los 40 años de la marcha del pueblo Judío por el desierto y los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto. A lo largo de este tiempo, los fieles católicos son llamados a reforzar su fe mediante diversos actos de penitencia y reflexión. La Cuaresma tiene cinco (5) domingos más el Domingo de Ramos (seis en total), en cuyas lecturas los temas de la conversión, el pecado, la penitencia y el perdón, son dominantes. No es un tiempo triste, sino más bien meditativo y recogido. Es, por excelencia, el tiempo de conversión y penitencia del año litúrgico. Por eso, en la misa católica no se canta el “Gloria” al final del acto penitencial (excepto el jueves santo, en la misa de la cena del Señor), ni el “Aleluya” antes del evangelio. El color litúrgico asociado a este período es el morado, asociado al duelo, la penitencia y el sacrificio a excepción del cuarto domingo que se usa el color rosa y el Domingo de Ramos en el que se usa el color rojo referido a la Pasión del Señor.[editar]
La cuaresma

[editar]Desarrollo histórico

En los primeros años de la Iglesia, la duración de la cuaresma variaba. Finalmente alrededor del siglo IV se fijó su duración en 40 días. Es decir, que ésta comenzaba seis semanas antes del domingo de Pascua. Por tanto, un domingo llamado -precisamente- "domingo de cuadragésima". En los siglos VI-VII cobró gran importancia el ayuno como práctica cuaresmal, presentándose un inconveniente: desde los orígenes nunca se ayunó en domingo por ser día de fiesta, la celebración del Día del Señor. ¿Cómo hacer entonces para respetar el domingo y, a la vez, tener cuarenta días efectivos de ayuno durante la cuaresma? Para resolver este asunto, en el siglo VII, se agregaron cuatro días más a la cuaresma, antes del primer domingo, estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto. Son exactamente cuarenta los días que van del Miércoles de Ceniza al Sábado Santo, sin contar los domingos.

[editar]Calendario

La Pascua tiene mucha relación con el calendario agrícola y el tiempo de renovación de la tierra. Para calcular su celebración se toman en cuenta el sol y la luna (sol de primavera y luna llena). En ese sentido, se debe buscar el primer domingo posterior a la primera luna llena de primavera. Una vez encontrada la Pascua, son contados cuarenta días hacia atrás para fijar el primer día de la cuaresma, es decir, el correspondiente al llamado "miércoles de ceniza" (los domingos, según se explica arriba, no son tomados en cuenta para hacer este cálculo).

[editar]Práctica

La práctica de la Cuaresma data del siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la prácticapenitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.
Según San León, la Cuaresma es “un retiro colectivo de cuarenta días, durante los cuales la Iglesia, proponiendo a sus fieles el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, se prepara para la celebración de las solemnidades pascuales con la purificación del corazón y una práctica perfecta de la vida cristiana” (Esta definición es deducida del análisis del sermón 42).
Se trataba, por tanto, de un tiempo, introducido por la imitación de Cristo y de Moisés, en el que la comunidad cristiana se esforzaba en realizar una profunda renovación interior. El Catecismo de la Iglesia Católica retoma esta idea y la expresa de la siguiente manera: “La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de la Gran Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto” (n. 540).

[editar]"Miércoles de ceniza"

Artículo principal: Miércoles de ceniza
El "miércoles de ceniza", el anterior al primer domingo de Cuaresma, se realiza el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente de los fieles católicos. La ceniza representa la destrucción de los errores del año anterior al ser éstos quemados. Mientras el sacerdote impone la ceniza dice una de estas dos expresiones: "Arrepiéntete y cree en el evangelio" ( Mc 1,15) o "Acuérdate de que eres polvo y al polvo as de volver
La Confesión
 
                 
La Confesión era el principal trabajo diario del Padre Pío. Él hacía este trabajo mirando dentro de los penitentes. Por ello, no era posible mentirle al Padre Pío durante una confesión. El veía dentro del corazón de los hombres. A menudo, cuando los pecadores eran tímidos, el Padre Pío enumeraba sus pecados durante la confesión. 
El Padre Pío invitaba a todos los fieles a confesarse al menos una vez por semana. Él decía: "Aunque una habitación quede cerrada, es necesario quitarle el polvo después de una semana." 
En el sacramento de la confesión, el Padre Pío era muy exigente. Él no soportaba a los que iban a él sólo por curiosidad. 
Un fraile contó: Un día el Padre Pío no dio la absolución a un penitente y luego le dijo : "Si tú vas a confesarte con otro sacerdote, tú te vas al infierno junto con el otro que te de la absolución". El entendía que el Sacramento de la Confesión era profanado por los hombres que no querían cambiar de vida. Ellos se hallan culpables frente Dios.
Un señor fue a confesarse con el Padre Pío, a San Giovanni Redondo, entre 1954 y  1955. Cuando acabó la acusación de los pecados, el Padre Pío le preguntó : "¿Tienes otro"? y él contestó: "no padre". El Padre repitió la pregunta: "¿tienes otro"?,  "no, padre". Por tercera vez  el Padre Pío le preguntó: "¿tienes otro"?. A la tercera respuesta negativa se acaloró el huracán. Con la voz del Espíritu Santo el Padre Pío gritó: "¡Calle! Calle! Porque tú no estás arrepentido de tus pecados! ". 
El hombre quedó petrificado por la vergüenza que pasó frente a mucha gente. Luego trató de decir algo. Pero el Padre Pío le dijo: "Estás callado, cotilla, tú has hablado bastante; ahora yo quiero hablar: ¿Es verdadero que frecuentas las salas de fiestas"? - Usted, padre" - "¿Sabes tú que el baile es una invitación al pecado"? 
El hombre se fue asombrado y no supo qué cosa decir ya que tenía el carné de socio de una sala de fiestas en su billetera. El hombre prometió no cometer otros pecados y después de mucho tiempo tuvo la absolución.
Las mentiras 
Un día, un señor le dijo al Padre Pío: "Padre, yo digo mentiras cuándo estoy con mis amigos. Lo hago para mantenerlos alegres ". Y el Padre Pío contestó: "Eh, ¿quieres tú ir al infierno bromeando?! “
 
La murmuración 
Cuando uno habla mal de un amigo suyo se está destruyendo su reputación y el honor del hermano que tiene en cambio derecho a gozar de consideración. 
Un día el Padre Pío dijo a un penitente: "Cuando tú murmuras de una persona quiere decir que tú no quieres a aquella persona, tú has sacado a la persona de tu corazón. Pero sabes que, cuando sacas a un hombre de tu corazón, también Jesús se va fuera de tu corazón junto con aquel hombre."

Una vez, el Padre Pío fue invitado a bendecir una casa. Pero cuando llegó a la entrada de la cocina él dijo: "Aquí hay serpientes, yo no entro". Y luego le dijo a un sacerdote que a menudo frecuentaba aquella casa para comer: “no vayas a esa casa porque ellos dicen cosas feas de sus hermanos”.
 
La blasfemia 
Un hombre era originario de la Región de las Marcas. Él partió de su país, con un amigo suyo, en un camión. Transpotaban muebles cerca de San Giovanni Redondo. Mientras hicieron la última subida, antes de llegar al destino, el camión se rompió y se paró. Intentaron hacer arrancar el motor pero no tuvieron éxito. 
El chófer perdió la calma y lleno de cólera blasfemó. Al día  siguiente, los dos hombres  fueron a San Giovanni Redondo donde vivía la hermana de uno de los dos hombres. Con la ayuda de su  hermana lograron ir al Padre Pío para confesarse. 
Entró el primer hombre pero el Padre Pío lo cazó afuera. Luego le llegó el turno al chófer que empezó el coloquio y le dijo al Padre Pío: “Me he irritado". Pero el Padre Pío gritó: "¡Desdichado! has blasfemado a nuestra Mamá! ¿Qué te ha hecho la Virgen"?. Y lo mandó fuera.

El demonio está mucho cerca de los que blasfeman
En un hotel de San Giovanni Redondo no era posible descansar ni de día ni de noche porque estaba una niña endemoniada que chillaba de modo que daba susto. La mamá de la niña la llevaba cada día a la Iglesia. Ahí esperó a que el Padre Pío liberara a la niña del espíritu del mal. También en la iglesia la niña gritó muchísimo. Una mañana, el Padre Pío tras haber confesado a algunas mujeres se encontró frente a él a la niña que gritaba espantosamente. La niña fue retenida con dificultad por dos o tres hombres. El Padre Pío, ya aburrido de todo aquel trasiego, dio un golpe con su pie a la niña y luego golpeó la cabeza de la niña y dijo: "Ahora" basta! 
La pequeña cayó a la tierra. El  Padre Pío le pidió a un médico que estuvo presente, que llevara a la niña a San Michele, al santuario del Monte San Ángel. Cuando el grupo llegó al destino, entraron a la gruta donde había aparecido San Michele. La niña se reanimó, pero nadie logró acercarla al altar dedicado al ángel. En el medio de la confusión, un fraile tomó la mano de la niña y tocó el altar. La niña cayó a tierra como si hubiera sido fulminada. Se levantó  más tarde y como si nada hubiera sucedido le preguntó a su mamá: “¿podrías comprarme un helado"? 
Ante ésto, el grupo de personas volvió a San Giovanni Redondo para informar y agradecer al Padre Pío. Pero el Padre Pío le dijo a la mamá: "dile a tu marido que no blasfeme más, de otro modo el demonio vuelve."
 
Faltar a la Eucaristía 
A los principios de los años '50, un joven médico fue a confesarse con el  Padre Pío. Él dijo sus pecados y luego se quedó en silencio. El Padre Pío le preguntó al joven médico si tenía algún pecado que añadir pero el médico le respondió que no. Entonces el Padre Pío le dijo al médico: "recuerda que en los días festivos no se puede faltar tampoco a una sola Misa, porque ello es pecado mortal".  En aquel momento el joven recordó haber "faltado" a una cita dominical con la Misa, un mes antes. 
 
La magia 
El Padre Pío prohibió cada forma de magia, de espiritismo y de prácticas de lo oculto. Una señora cuenta: "Yo me confesé  con el Padre Pío en el mes de noviembre del 1948. Entre las otras cosas que le dije al Padre es que en nuestra familia estábamos preocupados porque una tía leyó las cartas. El Padre con tono perentorio dijo: "Echáis fuera enseguida aquella cosa."
El Divorcio 
En la familia unida y santa, el  Padre Pío vio el lugar donde brota la fe. Él dijo: “el divorcio es el pasaporte por el infierno”. 

Una joven señora, cuando acabó la confesión de sus pecados, como penitencia el Padre Pío le indicó.”tienes que encerrarte en el silencio del ruego y salvarás tu matrimonio." 
La señora se sorprendió ya que su relación matrimonial no tenía problemas. Después de mucho tiempo, ella tuvo grandes problemas en su matrimonio pero al estar preparada y siguiendo el consejo del Padre Pío, superó aquel triste momento evitando la destrucción de la familia.
El aborto 
Un día, el padre Romero le preguntó al Padre Pío: "Padre, esta mañana le ha negado la absolución a una señora por haberse hecho un aborto. ¿Por qué ha sido tan riguroso con aquella pobre desgraciada"?. 
El Padre Pío contestó: "El día en que los hombres, asustados por el estampido económico, de los daños físicos o de los sacrificios económicos, pierdan el horror del aborto, será un día terrible para la humanidad. Porque es justo aquel el día en que deberían demostrar  tener horror por ello. El aborto no es solamente homicidio también es suicidio. ¿Y con los que vemos sobre el dobladillo cometer con un solo golpe uno y otro delito, queremos tener el ánimo de enseñar nuestra fe? ¿Queremos recobrarlos  o no"? 
"¿Por qué suicidio"?  preguntó el padre Romero . 
“Tú comprenderías este suicidio de la raza humana, si con el ojo de la razón, vieras ´la belleza y la alegría´ de la tierra poblada de viejos y despoblada de niños: quemada como un desierto. Entonces entenderías la doble gravedad del aborto: con el aborto siempre se mutila también la vida de los padres”.
 
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LOS DIEZ MANDAMIENTOS

 
                 
   Los Diez Mandamientos de la Ley de Dios son:
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Amarás a Dios sobre todas las cosas.
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No tomarás el Nombre de Dios en vano.
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Santificarás las fiestas.
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Honrarás a tu padre y a tu madre.
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No matarás.
bullet
No cometerás actos impuros.
bullet
No robarás.
bullet
No dirás falso testimonio ni mentirás.
bullet
No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
bullet
No codiciarás los bienes ajenos.