Querido/a Suscriptor/a de "El Camino de María" %EmailAddress% Hemos comenzado esta edición especial de El Camino de María, dedicada al inicio de la PEREGRINACIÓN CON NUESTRA SEÑORA DE LA ENCARNACIÓN, con conceptos escritos por San Luis María Grignión de Monfort en su A lo largo de esta edición les sugeriremos oraciones y meditaciones para rezar diariamente a María Santísima, en su advocación de NUESTRA SEÑORA DE LA ENCARNACIÓN. A las tradicionales devociones que a continuación señalamos: Triduos y Novenas Marianas. Mes de María. "Ángelus Domini" ."Regina caeli" . Santo Rosario .Letanías de la Virgen. Consagración-entrega a María. Escapulario del Carmen y otros escapularios. Medallas marianas. Himno "Akathistos", se ha incorporado en los últimos años, en algunos países, la PEREGRINACIÓN CON NUESTRA SEÑORA DE LA ENCARNACIÓN. Desde el 25 de Marzo al 25 de Diciembre diariamente los creyentes-peregrinos podemos PEREGRINAR CON NUESTRA SEÑORA DE LA ENCARNACIÓN, haciendo memoria de los 9 meses que llevó a Jesús en su Purísimo Seno. Durante esta Peregrinación cada creyente-peregrino acostumbra a pedir a la Santísima Virgen que le ayude a conseguir tres gracias muy especiales ¯¯¯La piedad popular a la Santísima Virgen, diversa en sus expresiones y profunda en sus causas, es un hecho eclesial relevante y universal. Brota de la fe y del amor del pueblo de Dios a Cristo, Redentor del género humano, y de la percepción de la misión salvífica que Dios ha confiado a María de Nazaret: La Virgen no es sólo la Madre del Señor y del Salvador, sino también, en el plano de la gracia, la Madre de todos los hombres. De hecho, los creyentes entendemos fácilmente la relación vital que une al Hijo y a la Madre. Sabemos que el Hijo es Dios y que Ella, la Madre, es también Madre nuestra. Creemos en la santidad inmaculada de la Virgen María, la veneramos como Reina gloriosa en el Cielo, y estamos seguros de que María, Madre de Misericordia, intercede en nuestro favor, y por tanto imploramos con confianza Su protección. Por ello celebramos con gozo sus fiestas, participamos con gusto en sus procesiones, acudimos en peregrinación a sus Santuarios, nos gusta cantar en su honor, y le presentamos ofrendas votivas. La Iglesia nos exhorta a todos – ministros sagrados, religiosos, fieles laicos – a alimentar nuestra piedad personal y comunitaria con ejercicios de piedad. El culto litúrgico, no obstante su importancia objetiva y su valor insustituible, su eficacia ejemplar y su carácter normativo, no agota todas las posibilidades de expresión de la veneración del pueblo de Dios a la Santa Madre del Señor. ¯¯¯ "Madre de Dios". Al repetir hoy esta expresión cargada de misterio, volvemos con el recuerdo al momento inefable de la Encarnación y afirmamos con toda la Iglesia que la Virgen se convirtió en Madre de Dios por haber engendrado según la carne a un Hijo, que era personalmente el Verbo de Dios. ¡Qué abismo de condescendencia se abre ante nosotros! Se plantea espontáneamente una pregunta al Espíritu: ¿Por qué el Verbo ha preferido nacer de una mujer (cf. Gál 4, 4), antes que descender del Cielo con un cuerpo ya adulto, plasmado por la mano de Dios (cf. Gén 2, 7)? ¿No habría sido éste un camino más digno de Él?, ¿más adecuado a su misión de Maestro y Salvador de la humanidad? Sabemos que, en los primeros siglos, sobre todo, no pocos cristianos (los docetas, los gnósticos, etc.) habrían preferido quo las cosas hubieran sido de esa manera. En cambio, el Verbo eligió el otro camino. ¿Por qué? La respuesta nos llega con la límpida y convincente sencillez de las obras de Dios. Cristo quería ser un vástago auténtico (cf. Is 11, 1) de la estirpe que venía a salvar. Quería que la redención brotase como del interior de la humanidad, como algo suyo. Cristo quería socorrer al hombre no como un extraño, sino como un hermano, haciéndose en todo semejante a él, menos en el pecado (cf. Heb 4, 15). Por esto quiso una Madre y la encontró en la persona de María. La misión fundamental de la doncella de Nazaret fue, pues, la de ser el medio de unión del Salvador con el género humano. En la historia de la salvación, sin embargo, la acción de Dios no se desarrolla sin acudir a la colaboración de los hombres: Dios no impone la salvación. Ni siquiera se la impuso a María. En el acontecimiento de la Anunciación interpeló su voluntad y esperó una respuesta que brotase de su fe. Los Padres han captado perfectamente este aspecto, poniendo de relieve que "la Santísima Virgen María, que dio a luz creyendo, había concebido creyendo" (S. Agustín, Sermo 215, 4; cf. S. León M., Sermo I in Nativitate, 1, etc.), y esto ha subrayado también el reciente Concilio Vaticano II, afirmando que la Virgen "al anuncio del ángel recibió en el corazón y en el cuerpo al Verbo de Dios" (Lumen gentium, 53). El "fiat" de la Anunciación inaugura así la Nueva Alianza entre Dios y la criatura: mientras este "fiat" incorpora a Jesús a nuestra estirpe según la naturaleza, incorpora a María a Él según la gracia. El vínculo entre Dios y la humanidad, roto por el pecado, ahora felizmente está restablecido..." |
Hola Hermanos! Bienvenidos al blog de intercesión del centro de José C. Paz! Usamos este medio para seguir gestando alianza, fraternidad y oración! Les comparto la palabra que nos regala Nuestra Madre como inicio del blog: 2 Cor. 13, (11-13)
sábado, 20 de agosto de 2011
PEREGRINANDO CON MARIA
MARIA REINA DEL CIELO
CRISTO CORONA A SU MADRE Señor, en tu fuerza Ella se regocija y tu socorro le produce una gran alegría. Tú le acordaste el deseo de su Corazón y no defraudaste sus ruegos porque la colmaste de muchas bendiciones. Sobre su cabeza colocaste una corona de piedras preciosas. Su corona es Cristo, según la palabra del sabio: «Un hijo dotado de sabiduría es la corona de su madre» Y es una corona de piedra porque en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, Cristo figura bajo el nombre de piedra: piedra por su poder, y piedra preciosa por su gloria. El salmista reúne esos dos aspectos cuando dice: «El Señor de los ejércitos, es piedra preciosa, porque es Rey de gloria.» No hay nada más fuerte que esta piedra, ni nada más precioso que esta gloria. San Bernardo de Claraval - Ocho Homilías Marianas |
Estimado/a Suscriptor/a de "El Camino de María"
Celebramos el 22 de agosto la fiesta litúrgica de SANTA MARÍA REINA. Este título de la Virgen manifiesta la conexión que existe entre la realeza de María y su Asunción al Cielo. La doctrina de la Iglesia dice que si María subió en Cuerpo y Alma al Cielo fue para ser allí coronada por Su Hijo, Jesús, como Reina y Señora de Cielo y de la tierra. La realeza de María es un tema tradicional en la Iglesia, proclamada por toda la tradición oriental y occidental. El 1º de noviembre, de 1954, al final del Año Mariano, el Papa Pío XII colocó una corona enjoyada sobre la pintura de Nuestra Señora, Protectora de Roma. En ese momento, se levantó un fuerte clamor de entre la gran multitud congregada en Santa. María la Mayor: "¡Viva la Reina!". El Papa nombró a la Virgen Reina del Cielo y de la tierra y decretó que se celebrara una fiesta especial para honrarla bajo ese título.
`La Beatísima María debe ser llamada Reina, no sólo por razón de su Maternidad divina, sino también porque cooperó íntimamente a nuestra salvación. Así como Cristo, nuevo Adán, es Rey nuestro no sólo por ser Hijo de Dios sino también nuestro Redentor, con cierta analogía, se puede afirmar que María es Reina, no sólo por ser Madre de Dios sino también, como nueva Eva, porque fue asociada al nuevo Adán" (Ad coeli Reginam, Pio XII).
En la Constitución Lumen Gentium leemos: "Como quiera que plugo a Dios no manifestar solemnemente el sacramento de la salvación humana antes de derramar el Espíritu prometido por Cristo, vemos a los Apóstoles antes del día de Pentecostés "perseverar unánimemente en la oración con las mujeres, y María la Madre de Jesús y los hermanos de éste" (Act 1,14); y a María implorando con sus ruegos el don del Espíritu Santo, quien ya la había cubierto con su sombra en la Anunciación. Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original, terminado el curso de la vida terrena, en alma y cuerpo fue asunta a la gloria celestial y enaltecida por el Señor como Reina del Universo, para que se asemejara más plenamente a Su Hijo, Señor de los que dominan (Ap 19, 16) y vencedor del pecado y de la muerte." (Lumen Gentium, 59).
`La Beatísima María debe ser llamada Reina, no sólo por razón de su Maternidad divina, sino también porque cooperó íntimamente a nuestra salvación. Así como Cristo, nuevo Adán, es Rey nuestro no sólo por ser Hijo de Dios sino también nuestro Redentor, con cierta analogía, se puede afirmar que María es Reina, no sólo por ser Madre de Dios sino también, como nueva Eva, porque fue asociada al nuevo Adán" (Ad coeli Reginam, Pio XII).
En la Constitución Lumen Gentium leemos: "Como quiera que plugo a Dios no manifestar solemnemente el sacramento de la salvación humana antes de derramar el Espíritu prometido por Cristo, vemos a los Apóstoles antes del día de Pentecostés "perseverar unánimemente en la oración con las mujeres, y María la Madre de Jesús y los hermanos de éste" (Act 1,14); y a María implorando con sus ruegos el don del Espíritu Santo, quien ya la había cubierto con su sombra en la Anunciación. Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original, terminado el curso de la vida terrena, en alma y cuerpo fue asunta a la gloria celestial y enaltecida por el Señor como Reina del Universo, para que se asemejara más plenamente a Su Hijo, Señor de los que dominan (Ap 19, 16) y vencedor del pecado y de la muerte." (Lumen Gentium, 59).
Por su parte, en el Tratado de la Verdadera Devoción a María (n.38), San Luis María Grignion de Monfort escribe:
"...María es la Reina del Cielo y de la tierra, por gracia, como Cristo es su Rey por naturaleza y por conquista. Ahora bien, así como el Reino de Jesucristo consiste principalmente en el corazón o interior del hombre, según estas palabras: "El Reino de Dios está en medio de ustedes", del mismo modo, el Reino de la Virgen María está principalmente en el interior del hombre, es decir, en su alma. Ella es glorificada sobre todo en las almas juntamente con su Hijo más que en todas las creaturas visibles, de modo que podemos llamarla con los Santos: Reina de los corazones...."
¯¯¯
En la meditación antes del rezo del Ángelus del Domingo 22 de agosto de 2010 el Santo Padre Benedicto XVI expresó:
Ocho días después de la Solemnidad de la Asunción al Cielo, la liturgia nos invita a venerar a la bienaventurada Virgen María con el título de "Reina". Contemplamos a la Madre de Cristo coronada por su Hijo, es decir, asociada a su realeza universal, tal y como la representan muchos mosaicos y pinturas. Esta memoria también cae este año en Domingo, alcanzando una luz mayor gracias a la Palabra de Dios y la celebración de la Pascua semanal. En particular, el icono de la Virgen María Reina encuentra una confirmación significativa en el Evangelio del día, donde Jesús afirma: "Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos" (Lucas 13, 30). Se trata de una típica expresión de Cristo, referida varias veces por los Evangelios, con fórmulas parecidas, pues evidentemente refleja un tema muy sentido por su predicación profética. La Virgen es el ejemplo perfecto de esta verdad evangélica, es decir, que Dios humilla a los soberbios y poderosos de este mundo y eleva a los humildes (Cf. Lucas 1, 52).
¡La pequeña y sencilla muchacha de Nazaret se ha convertido en la Reina del mundo! Esta es una de las maravillas reveladas por el Corazón de Dios. Naturalmente la realeza de María depende totalmente de la de Cristo: Él es el Señor, a quien, después de la humillación de la muerte en la cruz, el Padre ha exaltado por encima de toda criatura en los cielos, en la tierra y bajo la tierra (Cf. Filipenses 2, 9-11). Por un designio de la gracia, la Madre Inmaculada ha quedado plenamente asociada al misterio del Hijo: a su Encarnación; a su vida terrena, primero escondida en Nazaret y después manifestada en el ministerio mesiánico; a su Pasión y Muerte; y por último a la gloria de la Resurrección y Ascensión al Cielo. La Madre compartió con el Hijo no sólo los aspectos humanos de este ministerio, sino también, por obra del Espíritu Santo en Ella, su intención profunda, su voluntad divina, de manera que toda su existencia, pobre y humilde, fue elevada, transformada, glorificada, pasando a través de la "puerta estrecha" que es el mismo Jesús (Cf. Lucas 13, 24). Sí, María es la primera que atravesó el "camino" abierto por Cristo para entrar en el Reino de Dios, un camino accesible para los humildes, para quienes confían en la Palabra de Dios y se comprometen para llevarla a la práctica.
En la historia de las ciudades y de los pueblos evangelizados por el mensaje cristiano, se dan innumerables testimonios de veneración pública, en algunos casos incluso institucional de la realeza de la Virgen María. Pero hoy queremos sobre todo renovar, como hijos de la Iglesia, nuestra devoción a quien Jesús nos dejó como Madre y Reina. Encomendamos a su intercesión la oración diaria por la paz, especialmente allí donde más golpea la absurda lógica de la violencia para que todos los hombres se persuadan de que en este mundo debemos ayudarnos los unos a los otros como hermanos para construir la civilización del amor Maria, Regina pacis, ora pro nobis!
¯¯¯¡La pequeña y sencilla muchacha de Nazaret se ha convertido en la Reina del mundo! Esta es una de las maravillas reveladas por el Corazón de Dios. Naturalmente la realeza de María depende totalmente de la de Cristo: Él es el Señor, a quien, después de la humillación de la muerte en la cruz, el Padre ha exaltado por encima de toda criatura en los cielos, en la tierra y bajo la tierra (Cf. Filipenses 2, 9-11). Por un designio de la gracia, la Madre Inmaculada ha quedado plenamente asociada al misterio del Hijo: a su Encarnación; a su vida terrena, primero escondida en Nazaret y después manifestada en el ministerio mesiánico; a su Pasión y Muerte; y por último a la gloria de la Resurrección y Ascensión al Cielo. La Madre compartió con el Hijo no sólo los aspectos humanos de este ministerio, sino también, por obra del Espíritu Santo en Ella, su intención profunda, su voluntad divina, de manera que toda su existencia, pobre y humilde, fue elevada, transformada, glorificada, pasando a través de la "puerta estrecha" que es el mismo Jesús (Cf. Lucas 13, 24). Sí, María es la primera que atravesó el "camino" abierto por Cristo para entrar en el Reino de Dios, un camino accesible para los humildes, para quienes confían en la Palabra de Dios y se comprometen para llevarla a la práctica.
En la historia de las ciudades y de los pueblos evangelizados por el mensaje cristiano, se dan innumerables testimonios de veneración pública, en algunos casos incluso institucional de la realeza de la Virgen María. Pero hoy queremos sobre todo renovar, como hijos de la Iglesia, nuestra devoción a quien Jesús nos dejó como Madre y Reina. Encomendamos a su intercesión la oración diaria por la paz, especialmente allí donde más golpea la absurda lógica de la violencia para que todos los hombres se persuadan de que en este mundo debemos ayudarnos los unos a los otros como hermanos para construir la civilización del amor Maria, Regina pacis, ora pro nobis!
miércoles, 17 de agosto de 2011
ORACION DEL HIJO
Un hijo bienamado desea la presencia de su madre y la madre, por su parte, aspira a vivir con su hijo. Por eso era justo, Oh Madre de Dios, que subierais hacia vuestro Hijo, Vos, cuyo Corazón ardía de amor por Dios, el fruto de tus entrañas. Es justo que Dios en su afecto filial os llame a su lado, y ahí vivir para siempre en su intimidad.
Así emigraste hacia esos tabernáculos eternos, donde Dios ha hecho su morada y de hoy en adelante, Oh, Madre de Dios, no dejarás jamás su dulce compañía. Vos has sido la casa de carne donde Él se reposó, y El, a su vez, Virgen gloriosa, deviene el lugar de vuestro reposo en esa carne, que recibió de Vos.
Él os atrajo hacia Él, exenta de toda corrupción, deseando, si yo puedo expresarme así, teneros cerca de sus labios y de su corazón. Por eso todo lo que le pedís para vuestros desdichados hijos El os lo concede y pone su virtud divina al servicio de vuestras oraciones. San Germán de Constantinopla
Así emigraste hacia esos tabernáculos eternos, donde Dios ha hecho su morada y de hoy en adelante, Oh, Madre de Dios, no dejarás jamás su dulce compañía. Vos has sido la casa de carne donde Él se reposó, y El, a su vez, Virgen gloriosa, deviene el lugar de vuestro reposo en esa carne, que recibió de Vos.
Él os atrajo hacia Él, exenta de toda corrupción, deseando, si yo puedo expresarme así, teneros cerca de sus labios y de su corazón. Por eso todo lo que le pedís para vuestros desdichados hijos El os lo concede y pone su virtud divina al servicio de vuestras oraciones. San Germán de Constantinopla
¯¯¯

"¡Queridos hijos! Que este tiempo sea para vosotros tiempo de oración y de silencio. Haced descansar vuestro cuerpo y vuestro espíritu, que permanezcan en el Amor de Dios. Permitidme hijitos que os conduzca, abrid vuestros corazones al Espíritu Santo para que todo el bien que hay en vosotros, florezca y produzca frutos al céntuplo. Comenzad y finalizad el día con la oración con el corazón. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!”” Mensaje de Nuestra Señora Reina de la Paz en Medjugorge. 25/7/2011

ABOGADA Y MEDIANERA DE TODAS LAS GRACIAS
«Subió al Cielo nuestra Abogada, para que, como Madre del Juez y Madre de Misericordia, tratara los negocios de nuestra salvación».
San Bernardo, Sermón en la Asunción de la B. Virgen María, 1. 1.
San Bernardo, Sermón en la Asunción de la B. Virgen María, 1. 1.
¡Ave María, Mujer humilde, bendecida por el Altísimo! Virgen de la esperanza, profecía de tiempos nuevos, nosotros nos unimos a tu cántico de alabanza para celebrar las misericordias del Señor, para anunciar la venida del Reino y la plena liberación del hombre. ¡Ave María, humilde Sierva del Señor, gloriosa Madre de Cristo! Virgen fiel, morada santa del Verbo, enséñanos a perseverar en la escucha de la Palabra, a ser dóciles a la voz del Espíritu Santo, atentos a sus llamados en la intimidad de la conciencia y a sus manifestaciones en los acontecimientos de la historia. ¡Ave María, Mujer de dolor, Madre de los vivientes! Virgen Esposa ante la Cruz, Eva nueva, sed nuestra guía por los caminos del mundo, enséñanos a vivir y a difundir el Amor de Cristo, a detenernos Contigo ante las innumerables cruces en las que tu Hijo aún está crucificado. ¡Ave María, Mujer de fe, primera entre los discípulos! Virgen Madre de la Iglesia, ayúdanos a dar siempre razón de la esperanza que habita en nosotros, confiando en la bondad del hombre y en el Amor del Padre. Enséñanos a construir el mundo desde adentro: en la profundidad del silencio y de la oración, en la alegría del amor fraterno, en la fecundidad insustituible de la Cruz. Santa María, Madre de los creyentes, Nuestra Señora de Lourdes, ruega por nosotros. Oración al finalizar el rezo del Santo Rosario. 14 de agosto de 2004 |
Querido/a Suscriptor/a de "El Camino de María"
%EmailAddress%
El 15 de agosto celebramos la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María al Cielo. Al respecto, el Catecismo de la Iglesia Católica en el nro 966 expresa:
Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y enaltecida por Dios como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte" (LG 59; cf. Pío XII, Const. apo. Munificentissimus Deus, 1 noviembre 1950: DS 3903). La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos:
En su homilía, dirigiéndose a los fieles que abarrotaban la iglesia parroquial de Santo Tomás de Villanueva en Castel Gandolfo, el Santo Padre comenzó diciendo:
Hoy la Iglesia celebra una de las fiestas más importantes del año litúrgico dedicadas a María Santísima: la Asunción. Al término de su vida terrena, María fue llevada con alma y cuerpo al Cielo, es decir a la gloria de la vida eterna, en la plena y perfecta comunión con Dios
A continuación, Benedicto XVI recordó que este año se celebra el 60° aniversario de la definición solemne de este dogma por parte del Venerable Papa Pío XII, que tuvo lugar el 1° de noviembre de 1950 y glosó un párrafo de la Constitución apostólica Munificentissimus Deus. De este modo, Pío XII escribía: “De tal modo la augusta Madre de Dios, misteriosamente unida a Jesucristo desde toda la eternidad con un mismo decreto de predestinación, inmaculada en su concepción, virgen sin mancha en su divina maternidad, generosa socia del divino Redentor, que obtuvo un pleno triunfo sobre el pecado y sobre sus consecuencias, al fin, como supremo coronamiento de sus privilegios, fue preservada de la corrupción del sepulcro y, vencida la muerte, como antes por su Hijo, fue elevada en alma y cuerpo a la gloria del Cielo, donde resplandece como Reina a la diestra de su Hijo, Rey inmortal de los siglos” (Cost. ap. Munificentissimus Deus, AAS 42 (1950), 768-769).
Por tanto, prosiguió Benedicto XVI, este es el núcleo de nuestra fe en la Asunción: nosotros creemos que María, como Cristo su Hijo, ya ha vencido la muerte y triunfa en la gloria celeste en la totalidad de su ser, “con alma y cuerpo”. Y recordando que San Pablo, en la segunda lectura de hoy, nos ayuda a iluminar este misterio, partiendo del hecho central de la historia humana y de nuestra fe, es decir, de la Resurrección de Cristo, que es “la primicia de aquellos que han muerto”, añadió textualmente:
San Pablo nos dice que todos somos “incorporados” en Adán, el primero y viejo hombre, todos tenemos la misma herencia humana a la que pertenece: el sufrimiento, la muerte, el pecado. Pero añade a esto que todos nosotros podemos ver y vivir cada día algo nuevo: que no sólo estamos en esta herencia del único ser humano, que comenzó con Adán, sino que somos “incorporados” también en el hombre nuevo, en Cristo resucitado, y así la vida de la Resurrección ya está presente en nosotros. Por lo tanto, esta primera “incorporación” biológica es incorporación en la muerte, que genera la muerte. La segunda, nueva, que se nos dado en el bautismo, es “incorporación” que da la vida
Tras citar nuevamente a san Pablo en su primera carta a los Corintios, en la que afirma que así como en Adán todos mueren, en Cristo todos recibirán la vida, Benedicto XVI explicó en su homilía:
Lo que San Pablo afirma de todos los hombres, la Iglesia, en su Magisterio infalible, lo dice de María, pero de un modo y con un sentido preciso: la Madre de Dios está insertada hasta tal punto en el Misterio de Cristo que es partícipe de la Resurrección de su Hijo con todo su ser ya al término de la vida terrena; vive, es decir, lo que nosotros esperamos al final de los tiempos, cuando será aniquilado “el último enemigo”, la muerte; vive ya lo que proclamamos en el Credo “espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo que vendrá”
Entonces –prosiguió diciendo el Santo Padre– podemos preguntarnos: ¿cuáles son las raíces de esta victoria sobre la muerte prodigiosamente anticipada en María? Y afirmó: las raíces están en la fe de la Virgen de Nazaret, como lo testimonia el pasaje del Evangelio que hemos escuchado de san Lucas: una fe que es obediencia a la Palabra de Dios y abandono total a la iniciativa y a la acción divina, según cuanto le anuncia el Arcángel. Por tanto, dijo el Papa, “la fe es la grandeza de María, como lo proclama gozosamente Isabel: María es “bendita entre las mujeres” y “bendito es el fruto de su seno”, porque es “la madre del Señor”, porque cree y vive de modo único la “primera” de las bienaventuranzas, la bienaventuranza de la fe".
Benedicto XVI, llamando “queridos amigos” a los numerosos fieles que participaron esta mañana en la Santa Misa de la Asunción de María, afirmó que “hoy no nos limitamos a admirar a María en su destino glorioso, como a una persona muy lejana a nosotros”. “¡No! –prosiguió– Estamos llamados al mismo tiempo a ver cuanto el Señor, en su Amor, ha querido también para nosotros, para nuestro destino final: vivir a través de la fe en la comunión perfecta de amor con Él y así vivir verdaderamente para siempre”.
El Santo Padre también se detuvo brevemente en su homilía sobre un aspecto de la afirmación dogmática, en la que se habla de asunción a la gloria celeste. Y afirmó que “todos nosotros hoy somos conscientes de que con el término ‘cielo’ no nos referimos a un lugar preciso del universo, a una estrella o a algo: no. Sino que nos referimos a algo mucho más grande y difícil de definir con nuestros limitados conceptos humanos":
Con este término “cielo” queremos afirmar que Dios -el Dios que se hizo cercano a nosotros- no nos abandona ni siquiera en la muerte o más allá de ella, sino que tiene un lugar para nosotros y nos da la eternidad, que en Dios es un lugar para nosotros. Para comprender un poco esta realidad miremos nuestra misma vida: todos experimentamos que una persona, cuando está muerta, sigue subsistiendo de alguna manera en la memoria y en el corazón de quienes la han conocido y amado. Podríamos decir que en ellos sigue viviendo una parte de esta persona, pero es como una “sombra”, porque también esta supervivencia en el corazón de los propios seres queridos está destinada a terminar. Dios, en cambio, no pasa jamás y todos existimos en virtud de su amor eterno; existimos porque Él nos ama, porque Él nos ha pensado y nos ha llamado a la vida. Existimos en los pensamientos y en el Amor de Dios. Existimos en toda nuestra realidad, no sólo en nuestra “sombra”. Nuestra serenidad, nuestra esperanza, nuestra paz se fundan precisamente en esto: en Dios, Él en su pensamiento y en su Amor, no sobrevive sólo una “sombra” de nosotros mismos, sino en Él, en su Amor creador, nosotros somos custodiados e introducidos con toda nuestra vida, con todo nuestro ser en la ’eternidad
“Es el Amor de Dios el que vence la muerte y nos da la eternidad, y a este Amor lo llamamos Cielo: Dios es tan grande que tiene un lugar también para nosotros", afirmó el Papa y añadió:
Esto quiere decir que de cada uno de nosotros no seguirá existiendo sólo una parte que nos es, por decirlo de alguna manera, arrancada, mientras otras se arruinan; quiere decir más bien que Dios conoce y ama a todo el hombre, lo que nosotros somos. Y Dios acoge en su eternidad lo que ahora, en nuestra vida, hecha de sufrimiento y amor; de esperanza, de alegría y de tristeza, crece y llega a ser. Todo el hombre, toda su vida es tomada por Dios y en Él purificada, y recibe la eternidad. Queridos amigos, yo pienso que ésta es una verdad que nos debe colmar de alegría profunda. El Cristianismo no anuncia sólo algún tipo de salvación del alma en un impreciso más allá, en el que todo lo que en este mundo ha sido para nosotros precioso y querido sería borrado con un golpe de esponja, sino que promete la vida eterna, “la vida del mundo que vendrá”: nada de lo que nos es precioso y querido se arruinará, sino que encontrará plenitud en Dios .
Y tras recordar que Jesús dijo que todos los cabellos de nuestra cabeza están contados, y que como cristianos estamos llamados a edificar este mundo nuevo, a trabajar a fin de que llegue a ser un día el «mundo de Dios», un mundo que sobrepasará todo lo que podemos construir, el Santo Padre concluyó su homilía con las siguientes palabras:
Oremos al Señor a fin de que nos haga comprender cuán preciosa es toda nuestra vida ante sus ojos; refuerce nuestra fe en la vida eterna; nos haga hombres de esperanza, que trabajan para construir un mundo abierto a Dios, hombres llenos de alegría, que saben vislumbrar la belleza del mundo futuro en medio de los afanes de la vida cotidiana y que en esta certeza viven
¯¯¯
El 15 de agosto de 2010 el Santo Padre Benedicto XVI celebró la Santa Misa en Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, en la iglesia parroquial de Santo Tomás de Villanueva en Castel Gandolfo, donde transcurre este período de verano.
En su homilía, dirigiéndose a los fieles que abarrotaban la iglesia parroquial de Santo Tomás de Villanueva en Castel Gandolfo, el Santo Padre comenzó diciendo:
Hoy la Iglesia celebra una de las fiestas más importantes del año litúrgico dedicadas a María Santísima: la Asunción. Al término de su vida terrena, María fue llevada con alma y cuerpo al Cielo, es decir a la gloria de la vida eterna, en la plena y perfecta comunión con Dios
A continuación, Benedicto XVI recordó que este año se celebra el 60° aniversario de la definición solemne de este dogma por parte del Venerable Papa Pío XII, que tuvo lugar el 1° de noviembre de 1950 y glosó un párrafo de la Constitución apostólica Munificentissimus Deus. De este modo, Pío XII escribía: “De tal modo la augusta Madre de Dios, misteriosamente unida a Jesucristo desde toda la eternidad con un mismo decreto de predestinación, inmaculada en su concepción, virgen sin mancha en su divina maternidad, generosa socia del divino Redentor, que obtuvo un pleno triunfo sobre el pecado y sobre sus consecuencias, al fin, como supremo coronamiento de sus privilegios, fue preservada de la corrupción del sepulcro y, vencida la muerte, como antes por su Hijo, fue elevada en alma y cuerpo a la gloria del Cielo, donde resplandece como Reina a la diestra de su Hijo, Rey inmortal de los siglos” (Cost. ap. Munificentissimus Deus, AAS 42 (1950), 768-769).
Por tanto, prosiguió Benedicto XVI, este es el núcleo de nuestra fe en la Asunción: nosotros creemos que María, como Cristo su Hijo, ya ha vencido la muerte y triunfa en la gloria celeste en la totalidad de su ser, “con alma y cuerpo”. Y recordando que San Pablo, en la segunda lectura de hoy, nos ayuda a iluminar este misterio, partiendo del hecho central de la historia humana y de nuestra fe, es decir, de la Resurrección de Cristo, que es “la primicia de aquellos que han muerto”, añadió textualmente:
San Pablo nos dice que todos somos “incorporados” en Adán, el primero y viejo hombre, todos tenemos la misma herencia humana a la que pertenece: el sufrimiento, la muerte, el pecado. Pero añade a esto que todos nosotros podemos ver y vivir cada día algo nuevo: que no sólo estamos en esta herencia del único ser humano, que comenzó con Adán, sino que somos “incorporados” también en el hombre nuevo, en Cristo resucitado, y así la vida de la Resurrección ya está presente en nosotros. Por lo tanto, esta primera “incorporación” biológica es incorporación en la muerte, que genera la muerte. La segunda, nueva, que se nos dado en el bautismo, es “incorporación” que da la vida
Tras citar nuevamente a san Pablo en su primera carta a los Corintios, en la que afirma que así como en Adán todos mueren, en Cristo todos recibirán la vida, Benedicto XVI explicó en su homilía:
Lo que San Pablo afirma de todos los hombres, la Iglesia, en su Magisterio infalible, lo dice de María, pero de un modo y con un sentido preciso: la Madre de Dios está insertada hasta tal punto en el Misterio de Cristo que es partícipe de la Resurrección de su Hijo con todo su ser ya al término de la vida terrena; vive, es decir, lo que nosotros esperamos al final de los tiempos, cuando será aniquilado “el último enemigo”, la muerte; vive ya lo que proclamamos en el Credo “espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo que vendrá”
Entonces –prosiguió diciendo el Santo Padre– podemos preguntarnos: ¿cuáles son las raíces de esta victoria sobre la muerte prodigiosamente anticipada en María? Y afirmó: las raíces están en la fe de la Virgen de Nazaret, como lo testimonia el pasaje del Evangelio que hemos escuchado de san Lucas: una fe que es obediencia a la Palabra de Dios y abandono total a la iniciativa y a la acción divina, según cuanto le anuncia el Arcángel. Por tanto, dijo el Papa, “la fe es la grandeza de María, como lo proclama gozosamente Isabel: María es “bendita entre las mujeres” y “bendito es el fruto de su seno”, porque es “la madre del Señor”, porque cree y vive de modo único la “primera” de las bienaventuranzas, la bienaventuranza de la fe".
Benedicto XVI, llamando “queridos amigos” a los numerosos fieles que participaron esta mañana en la Santa Misa de la Asunción de María, afirmó que “hoy no nos limitamos a admirar a María en su destino glorioso, como a una persona muy lejana a nosotros”. “¡No! –prosiguió– Estamos llamados al mismo tiempo a ver cuanto el Señor, en su Amor, ha querido también para nosotros, para nuestro destino final: vivir a través de la fe en la comunión perfecta de amor con Él y así vivir verdaderamente para siempre”.
El Santo Padre también se detuvo brevemente en su homilía sobre un aspecto de la afirmación dogmática, en la que se habla de asunción a la gloria celeste. Y afirmó que “todos nosotros hoy somos conscientes de que con el término ‘cielo’ no nos referimos a un lugar preciso del universo, a una estrella o a algo: no. Sino que nos referimos a algo mucho más grande y difícil de definir con nuestros limitados conceptos humanos":
Con este término “cielo” queremos afirmar que Dios -el Dios que se hizo cercano a nosotros- no nos abandona ni siquiera en la muerte o más allá de ella, sino que tiene un lugar para nosotros y nos da la eternidad, que en Dios es un lugar para nosotros. Para comprender un poco esta realidad miremos nuestra misma vida: todos experimentamos que una persona, cuando está muerta, sigue subsistiendo de alguna manera en la memoria y en el corazón de quienes la han conocido y amado. Podríamos decir que en ellos sigue viviendo una parte de esta persona, pero es como una “sombra”, porque también esta supervivencia en el corazón de los propios seres queridos está destinada a terminar. Dios, en cambio, no pasa jamás y todos existimos en virtud de su amor eterno; existimos porque Él nos ama, porque Él nos ha pensado y nos ha llamado a la vida. Existimos en los pensamientos y en el Amor de Dios. Existimos en toda nuestra realidad, no sólo en nuestra “sombra”. Nuestra serenidad, nuestra esperanza, nuestra paz se fundan precisamente en esto: en Dios, Él en su pensamiento y en su Amor, no sobrevive sólo una “sombra” de nosotros mismos, sino en Él, en su Amor creador, nosotros somos custodiados e introducidos con toda nuestra vida, con todo nuestro ser en la ’eternidad
“Es el Amor de Dios el que vence la muerte y nos da la eternidad, y a este Amor lo llamamos Cielo: Dios es tan grande que tiene un lugar también para nosotros", afirmó el Papa y añadió:
Esto quiere decir que de cada uno de nosotros no seguirá existiendo sólo una parte que nos es, por decirlo de alguna manera, arrancada, mientras otras se arruinan; quiere decir más bien que Dios conoce y ama a todo el hombre, lo que nosotros somos. Y Dios acoge en su eternidad lo que ahora, en nuestra vida, hecha de sufrimiento y amor; de esperanza, de alegría y de tristeza, crece y llega a ser. Todo el hombre, toda su vida es tomada por Dios y en Él purificada, y recibe la eternidad. Queridos amigos, yo pienso que ésta es una verdad que nos debe colmar de alegría profunda. El Cristianismo no anuncia sólo algún tipo de salvación del alma en un impreciso más allá, en el que todo lo que en este mundo ha sido para nosotros precioso y querido sería borrado con un golpe de esponja, sino que promete la vida eterna, “la vida del mundo que vendrá”: nada de lo que nos es precioso y querido se arruinará, sino que encontrará plenitud en Dios .
Y tras recordar que Jesús dijo que todos los cabellos de nuestra cabeza están contados, y que como cristianos estamos llamados a edificar este mundo nuevo, a trabajar a fin de que llegue a ser un día el «mundo de Dios», un mundo que sobrepasará todo lo que podemos construir, el Santo Padre concluyó su homilía con las siguientes palabras:
Oremos al Señor a fin de que nos haga comprender cuán preciosa es toda nuestra vida ante sus ojos; refuerce nuestra fe en la vida eterna; nos haga hombres de esperanza, que trabajan para construir un mundo abierto a Dios, hombres llenos de alegría, que saben vislumbrar la belleza del mundo futuro en medio de los afanes de la vida cotidiana y que en esta certeza viven
En el parto te conservaste Virgen, en tu tránsito no desamparaste al mundo, oh Madre de Dios. Alcanzaste la fuente de la Vida porque concebiste al Dios viviente, y con tu intercesión salvas de la muerte nuestras almas. (Tropario en el día de la Dormición de la Virgen María).
MARIA ASUNTA AL CIELO
DESDE ESTA GRUTA DE MASSABIELLE, LA VIRGEN NOS HABLA TAMBIÉN A NOSOTROS, CRISTIANOS DEL TERCER MILENIO.
Homilía del Beato Juan Pablo II durante la Santa Misa en la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María. 15 de agosto de 2004 . Santuario de Lourdes
Queridos hermanos y hermanas:
1."Que soy era Immaculada Councepciou". Las palabras que María le dirigió a Bernardita el 25 de marzo de 1858 resuenan con una intensidad particular durante este año, en el cual la Iglesia celebra el 150º aniversario de la solemne definición del dogma, proclamado por el Beato Pío IX con la Constitución apostólica Ineffabilis Deus.
He deseado vivamente realizar esta peregrinación a Lourdes, para recordar un acontecimiento que continúa dando gloria a la Trinidad una e indivisa. La Concepción Inmaculada de María es el signo del Amor gratuito del Padre, la expresión perfecta de la Redención obrada por el Hijo, el inicio de una vida totalmente disponible a la acción del Espíritu.
2.Bajo la mirada materna de la Virgen, os saludo de corazón a todos vosotros, queridos Hermanos y Hermanas, que habéis venido a la Gruta de Massabielle para cantar las alabanzas de Aquella a la que todas las generaciones llaman Bienaventurada (cf. Lc 1,48).
Mi pensamiento afectuoso se dirige ahora a los peregrinos que han venido aquí desde diversas partes de Europa y del mundo, y a todos aquellos que están unidos espiritualmente a nosotros a través de la radio y la televisión. Con especial afecto, os saludo a vosotros, queridísimos enfermos, que habéis venido a este lugar bendito a buscar alivio y esperanza. ¡Que la Virgen Santa os haga sentir su presencia y dé consuelo a vuestros corazones!
3."En aquellos días, María se puso en viaje hacia la montaña..." (Lc 1,39). Las palabras de la narración evangélica nos han hecho volver a ver con los ojos del corazón a la joven muchacha de Nazaret en camino hacia la "ciudad de Judá" donde habitaba su prima, para ofrecerle sus servicios.
Lo que nos impresiona en María es, ante todo, su atención llena de ternura hacia su pariente anciana. El suyo es un amor concreto, que no se limita a palabras de comprensión, sino que se hace cargo en primera persona de la fatiga de la asistencia. A su prima, la Virgen no le da simplemente algo de sí; se da Ella misma, sin pedir nada a cambio. Ha comprendido perfectamente que el don recibido de Dios más que un privilegio es una tarea, que la compromete hacia los demás con la gratuidad propia del amor.
4."Engrandece mi alma al Señor..." (Lc 1,46). Los sentimientos que María vive en el encuentro con Isabel irrumpen con fuerza en el canto del Magnificat. En sus labios se expresa la espera plena de esperanza de los "pobres del Señor" y, al mismo tiempo, la conciencia del cumplimiento de las promesas, porque Dios "se acordó de su Misericordia" (cf. Lc 1,54).
Precisamente de esta conciencia brota la alegría de la Virgen María que invade todo el cántico:
-alegría de saber que Dios "ha puesto los ojos" en Ella no obstante su "humildad" (cf. Lc 1,48);
-alegría por el "servicio" que le es posible ofrecer, gracias a las "maravillas" a las que La ha llamado el Todopoderoso (cf. Lc 1,49);
-alegría por experimentar con antelación las bienaventuranzas escatológicas, reservadas a los "humildes" y a los "hambrientos" (cf. Lc 1,52-53).
Al Magnificat, sigue el silencio: sobre los tres meses de permanencia junto a su prima Isabel nada se ha dicho. O tal vez se nos ha dicho lo más importante: el bien no hace ruido, la fuerza del amor se expresa en la serenidad discreta del servicio cotidiano.
5.Con sus palabras y con su silencio, la Virgen María está delante de nosotros como modelo para nuestro camino. Un camino que no es fácil: por la culpa de los primeros padres, la humanidad lleva en sí la herida del pecado, cuyas consecuencias continúan haciéndose sentir también en los redimidos. ¡Pero el mal y la muerte no tendrán la última palabra! María lo confirma con toda su existencia, como testimonio vivo de la victoria de Cristo, nuestra Pascua.
Los fieles lo han comprendido. Por ello corren en masa a esta gruta para escuchar las advertencias maternas de la Virgen, reconociendo en Ella "la mujer vestida de sol" (Ap 12,1), la Reina que resplandece al lado del Trono de Dios (cf. Sal. resp.) e intercede a su favor.
6.Hoy la Iglesia celebra la gloriosa Asunción al Cielo de María en Cuerpo y Alma. Los dos dogmas de la Inmaculada Concepción y de la Asunción están íntimamente ligados entre ellos. Ambos proclaman la gloria de Cristo Redentor y la santidad de María, cuyo destino humano está ya perfectamente y definitivamente realizado en Dios.
"Cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté Yo estéis también vosotros", nos ha dicho Jesús (Jn 14,3). María es la prenda del cumplimiento de la promesa de Cristo. Su Asunción se convierte así para nosotros en "signo de esperanza segura y de consuelo" (cf. Lumen gentium, 68).
Queridos Hermanos y Hermanas. Desde esta gruta de Massabielle, la Virgen nos habla también a nosotros, cristianos del tercer milenio.
¡Escuchémosla!
Escuchad ante todo vosotros, queridos jóvenes, que buscáis una respuesta capaz de dar sentido a vuestra vida. Aquí la podréis encontrar. Es una respuesta exigente, pero es la única que satisface plenamente. En ella está el secreto de la alegría verdadera y de la paz.
Desde esta gruta parte un especial llamado también a vosotras, mujeres. Apareciéndose en la gruta, María confió su mensaje a una joven, como para subrayar la particular misión que le corresponde a la mujer en este tiempo nuestro, tentado por el materialismo y la secularización: ser en la sociedad de hoy testigos de aquellos valores esenciales que se ven sólo con los ojos del corazón. ¡A vosotras, mujeres, os corresponde la tarea de ser centinelas de lo Invisible!
A todos vosotros, hermanos y hermanas, lanzo un apremiante llamado para que hagáis todo lo posible para que la vida, toda la vida, sea respetada desde su concepción hasta su fin natural. La vida es un don sagrado, del cual nadie puede adueñarse.
En fin, la Virgen de Lourdes tiene un mensaje para todos. Es este: ¡sed mujeres y hombres libres! Pero recordad: la libertad humana es una libertad herida por el pecado. Ella misma necesita ser liberada. Cristo es su liberador, Él que "nos ha liberado para que seamos verdaderamente libres" (Gal 5,1). ¡Defended vuestra libertad!
Queridos hermanos, nosotros sabemos que para ello podemos contar con Aquella que, al no haber cedido nunca al pecado, es la única criatura perfectamente libre. A Ella os encomiendo. ¡Caminad con María por el camino de la plena realización de vuestra humanidad!
martes, 9 de agosto de 2011
AGOSTO MES DE MARIA
EN ESTE MES MUY ESPECIALMENTE,CELEBRAMOS LA VIDA CON MAMA MARIA, EN EL DIA DE SU ASUNCION PODEMOS HACER UN ROSARIO DIARIO, CANTAR ALGUNA CANCION QUE NOS GUSTE, LEER ALGUN LIBRO ,ALGUNA POESIA, EL EVANGELIO DONDE ES EXALTADA, Y PODER VIVIR VERSICULO POR VERSICULO, IR A ALGUN SANTUARIO, VISITAR ALGUN HERMANO, COMO LO HIZO ELLA, ORAR, PARA QUE INTERCEDA ANTE SU HIJO, TANTAS OPRTUNIDADES PARA ESTAR MAS CERCA DE MAMA.
HNOS MARIA NOS DICE QUE LA TOMEMOS DE LA MANO, COMO HACERLO? EN UNO DE SUS MENSAJES , DICE QUE CADA VES QUE TOMAMOS UN ROSARIO ESTAMOS AGARRADOS DE SU MANO.
MARIA NOS BENDIGA Y NOS ACERQUE CADA DIA MAS A JESUS
HNOS MARIA NOS DICE QUE LA TOMEMOS DE LA MANO, COMO HACERLO? EN UNO DE SUS MENSAJES , DICE QUE CADA VES QUE TOMAMOS UN ROSARIO ESTAMOS AGARRADOS DE SU MANO.
MARIA NOS BENDIGA Y NOS ACERQUE CADA DIA MAS A JESUS
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


