jueves, 16 de febrero de 2012

HIMNO A CRISTO

 Santa Faz de Manopello.
HIMNO A CRISTO
(Cántico de la carta de San Pablo a los Colosenses (1, 3.12-20)
Demos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al Reino de su Hijo querido,
por cuya Sangre hemos recibido la Redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de Él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por Él y para Él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en Él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en Él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por Él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del Cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la Sangre de su Cruz.

Queridos Suscriptores de "El Camino de María"
Preside esta última edición dedicada a contemplar EL ROSTRO Y EL CORAZÓN DE CRISTO el gran himno cristológico con el que comienza la Carta a los Colosenses, en que sobresale la figura gloriosa de Cristo, Corazón de la liturgia y centro de toda la vida eclesial.
 
El horizonte del himno incluye a toda la Creación y a la Redención, abarcando a todo ser creado y a toda la historia. En este canto se puede percibir el ambiente de fe y de oración de la antigua comunidad cristiana y el Apóstol Pablo recoge su voz y testimonio, imprimiendo al mismo tiempo al himno su impronta.
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Para contemplar el Rostro y el Corazón de Cristo debemos creer en Él y confiar en Él. Por dicha razón la última meditación de las 3 ediciones que hemos dedicado a dicha contemplación está relacionada con lo que Jesús nos exhorta en el Evangelio de San Juan 1, 14: "CREED EN DIOS, CREED TAMBIÉN EN MÍ". Para ello hemos seleccionado  un memorable texto catequético del Beato Juan Pablo II pronunciado en la audiencia general del 21 de octubre de 1987.
"¡Queridos hijos! Con alegría también hoy los invito a abrir sus corazones y a escuchar mi llamado. Yo deseo acercarlos de nuevo a mi Corazón Inmaculado, donde encontrarán refugio y paz. Ábranse a la oración, hasta que ésta se convierta en alegría para ustedes. A través de la oración, el Altísimo les dará abundancia de gracia y ustedes llegarán a ser mis manos extendidas en este mundo inquieto que anhela la paz. Hijitos, testimonien la fe con sus vidas y oren para que la fe crezca en sus corazones día tras día. Yo estoy con ustedes. Gracias por haber respondido a mi llamado." Mensaje de Nuestra Señora Reina de la Paz en Medjugorge. 25/1/2012

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