jueves, 16 de febrero de 2012

CANTO DE CIMEONE

 Presentacion de Jesus en el Templo
Queridos Suscriptores de "El Camino de María"
En la fiesta de la Presentación del Señor en el Templo, hacemos memoria del episodio evangélico que nos narra que María y José, cuarenta días después del nacimiento de Jesús, fueron a Jerusalén para presentarlo al Señor, según la prescripción de la ley mosaica. Se trata de un episodio que se sitúa en la perspectiva de la consagración especial a Dios del pueblo de Israel. Pero también tiene un significado más amplio, ya que recuerda el agradecimiento que se debe al Creador por toda vida humana.
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HOMILÍA  DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI DURANTE LA SANTA MISA CELEBRADA EL 2 DE FEBRERO DE 2011.
En la Fiesta de hoy contemplamos al Señor Jesús a quien María y José presentan en el templo “para ofrecerlo al Señor” (Lc 2,22). En esta escena evangélica se revela el misterio del Hijo de la Virgen, el Consagrado del Padre, venido al mundo para cumplir fielmente su Voluntad (cfr Hb 10,5-7) (...) Quisiera proponer tres pensamientos para la reflexión en esta fiesta.
El primero: el icono evangélico de la Presentación de Jesús en el templo contiene el símbolo fundamental de la luz; la luz que, partiendo de Cristo, se irradia sobre María y José, sobre Simeón y Ana y, a través de ellos, sobre todos. Los Padres de la Iglesia unieron esta irradiación al camino espiritual. La vida consagrada expresa ese camino, de modo especial, como “filocalía”, amor por la belleza divina, reflejo de la bondad de Dios (cfr ibid., 19). Sobre el Rostro de Cristo resplandece la luz de esa belleza. “La Iglesia contempla el Rostro transfigurado de Cristo, para conformarse en la fe y no correr el riesgo de perderse ante su Rostro desfigurado en la Cruz … ella es la Esposa ante el Esposo, partícipe de su misterio, envuelta por su luz, [por la cual] son alcanzados todos sus hijos … Pero una experiencia singular de la luz que emana del Verbo encarnado la hacen ciertamente los llamados a la vida consagrada. La profesión de los consejos evangélicos, de hecho, los pone como signo y profecía para la comunidad de los hermanos y para el mundo” (ibid., 15).
En segundo lugar, el icono evangélico manifiesta la profecía, don del Espíritu Santo. Simeón y Ana, contemplando al Niño Jesús, ven su destino de muerte y de resurrección para la salvación de todas las gentes y anuncian tal misterio como salvación universal. La vida consagrada está llamada a ese testimonio profético, ligada a su doble actitud contemplativa y activa. A las consagradas y consagrados se les ha concedido manifestar el primado de Dios, la pasión por el Evangelio practicado como forma de vida y anunciado a los pobres y a los últimos de la tierra.
“En virtud de este primado nada puede ser antepuesto al amor personal por Cristo y por los pobres en los que Él vive. La verdadera profecía nace de Dios, de la amistad con Él, de la escucha atenta de su Palabra en las distintas circunstancias de la historia” (ibid., 84).En este sentido la vida consagrada, en el día a día en los caminos de la humanidad, manifiesta el Evangelio y el Reino ya presente y activo.
En tercer lugar, el icono evangélico de la Presentación de Jesús en el templo manifiesta la sabiduría de Simeón y Ana, la sabiduría de una vida dedicada totalmente a la búsqueda del Rostro de Dios, de sus signos, de su voluntad, una vida dedicada a la escucha y al anuncio de su Palabra. Tu Rostro Señor, yo busco (Sal 26,8.) La vida consagrada es en el mundo y en la Iglesia signo visible de esta búsqueda del Rostro del Señor y de los caminos que conducen a Él (cfr Jn 14,8). La persona consagrada testifica, por tanto, el esfuerzo gozoso y a la vez laborioso, de la búsqueda asidua y consciente de la Voluntad de Dios” (cfr Cong. Para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, Istr. El servicio de la autoridad y la obediencia. Faciem tuam Domine requiram, 1).
Queridos hermanos y hermanas, escuchad asiduamente la Palabra, porque ¡toda sabiduría de vida nace de la Palabra del Señor! Escrutad la Palabra a través de la lectio divina, porque la vida consagrada “nace de la escucha de la Palabra de Dios y acoge el Evangelio como su norma de vida. Vivir en la estela de Cristo casto, pobre, obedientes en este sentido una “exégesis” de la Palabra de Dios. “El Espíritu Santo, en virtud del que ha sido escrita la Biblia, es el mismo que ilumina con luz nueva la Palabra de Dios a los fundadores y fundadoras. De ella ha brotado cada carisma y de ella quiere ser expresión cada regla, dando origen a itinerarios de vida cristiana marcados por la radicalidad evangélica”. (Ex. ap. postsinodal Verbum Domini, 83)
En este momento mi pensamiento va con especial afecto a todos los consagrados y las consagradas, en todas las partes del mundo, y los encomiendo a la Bienaventurada Virgen María:
Oh María, Madre de la Iglesia,
confío a Ti toda la vida consagrada,
para que obtenga la plenitud de la Luz divina:
que viva en la escucha de la Palabra de Dios,
en la humildad para seguir la estela de  nuestro Señor,
en la acogida de la visita del Espíritu Santo,
en la alegría cotidiana del Magnificat,
para que la Iglesia sea edificada por la santidad de vida
de estos tus hijos e hijas,
en el mandamiento del Amor. Amen

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