lunes, 19 de septiembre de 2011


I - MARÍA ACOGE EN LA FE LA PROFECÍA DE SIMEÓN

V. Te alabamos, Santa María
R. Madre fiel junto a la Cruz de tu Hijo.

LECTURA DEL EVANGELIO.  

Cuando –según la ley de Moisés- se cumplieron los días de la purificación, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor. Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso;  esperaba la redención de Israel ; y el Espíritu Santo estaba en él. Simeón los bendijo y dijo a María, su Madre: “Mira, este Niño está puesto para ruina y salvación de muchos en Israel y para ser señal de contradicción a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones; ¡y a Ti misma una espada te atravesará el alma!”. (Lc 2, 22. 25. 34-35)

LECTURA DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA.

La Presentación de Jesús en el Templo (cf. Lc 2, 22-39) lo muestra como el Primogénito que pertenece al Señor (cf. Ex 13,2.12-13). Con Simeón y Ana toda la expectación de Israel es la que viene al encuentro de su Salvador (la tradición bizantina llama así a este acontecimiento). Jesús es reconocido como el Mesías tan esperado, "Luz de las naciones" y "Gloria de Israel", pero también "Señal de contradicción". La espada de dolor predicha a María anuncia otra oblación, perfecta y única, la de la Cruz que dará la salvación que Dios ha preparado "ante todos los pueblos". (Catecismo de la Iglesia Católica, 529)

MEDITACIÓN.

"...Pero ya los dos últimos misterios de gozo, aun conservando el sabor de la alegría, anticipan indicios del drama. En efecto, la Presentación en el Templo, a la vez que expresa la dicha de la consagración y extasía de Simeón, contiene también la profecía de que el Niño será «Señal de contradicción» para Israel y de que una espada traspasará el alma de la Madre (cf. Lc 2, 34-35)." (Rosarium Virginis Mariae, 20)
 
SALMO DE MEDITACIÓN. Salmo 40 (39)

R. Aquí estoy, Señor,  para hacer tu Voluntad.

No querías ni sacrificio ni oblación,
no pedías holocaustos ni víctimas,
dije entonces : “Aquí estoy, Señor,
para hacer tu Voluntad”  R.

En el libro de la ley está escrito de mí
que he de hacer tu Voluntad.
Oh Dios mío, en tu Ley me complazco
en lo profundo de mi corazón.  R.

ORACIÓN A LA VIRGEN

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es Contigo. Bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

CANTO DE PROCESIÓN

Virgen obediente, ruega por nosotros     
Virgen oferente, ruega por nosotros.
Virgen fiel, ruega por nosotros.
       
PEREGRINACIÓN CON
 NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES  
CAMINO DE FE Y DOLOR
 
 


P.  En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
A.  Amén.

P.  Señor, te adoramos y te bendecimos.
A.  Porque en la obra de la salvación asociaste a la Virgen Madre.

P.  Contemplamos tu dolor, Santa María.
A.  Para seguirte en el camino de la fe.

P.  Hermanos y hermanas, nos hemos reunido para recorrer las etapas del Camino de dolor, que la Virgen Santa recorrió en íntima unión con su Hijo. Por disposición de la Divina Providencia, la Virgen  fue la Madre del Redentor, su fiel Compañera en todos sus caminos: desde los caminos dolorosos de la infancia en Belén, Nazaret y Egipto, hasta la subida al Monte Calvario. La Iglesia ve a María como la imagen perfecta del discípulo de Cristo: porque Ella, olvidándose de Sí misma, vivió en el servicio a Dios y a los hombres, acogió con fe la palabra y subió hasta la Cruz, verdadero Árbol de la vida. La intercesión de la Virgen nos ayude a vivir en nosotros el misterio de Cristo Crucificado, conscientes de que si sufrimos con Cristo, con Él seremos glorificados.

ORACIÓN INTRODUCTORIA

Dios Padre Misericordioso,
Tú que quisiste que la vida de la Virgen Santísima
estuviera marcada por el misterio del dolor,
haz que caminemos con Ella por el camino de la fe
y unamos nuestros sufrimientos a la Pasión de Cristo
para que se transformen en motivo de gracia
e instrumento de salvación.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. 

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